Armadas y flotas de La Plata (1620 - 1648)

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Por Fernando Serrano mangas. Los navíos, el galeón de plata, la barra de sanlúcar, un problema de arquitectura naval, prácticas correctoras de los defectos de fabricación, el papel de la Armada del mar océano coma el proyecto de las 20000 toneladas... embarcaciones auxiliares, orcas, patatas, tartanas, fragatas y Galiza bras, barcos luengos, los pertrechos, escasez y derroche en la carrera de indias, los grandes asentistas de pertrechos calafates y carpinteros... jarcia, maderas y arboladura, hierro y clavazón, velamen, el plomo, el armamento, artillería escasez de artillería en la carrera de indias, artillería de particulares, Pedro Gil y Francisco de Ballesteros asentistas de artillería... principales constructores navales, siglo XVII  armas de fuego, mosquetes y arcabuces, los trueques, obtención de las bocas de fuego, pólvora y baleria... los bastimentos, las tripulaciones, artilleros, gente de mar y de guerra sueldos... la financiación, La plata...

Libro descatalogado muy difícil de conseguir. De 398 páginas, en perfecto estado. Editado por el Banco de España en 1989, en conmemoración del V centenario del descubrimiento de américa. / 101.2. A

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GALEÓN DE PLATA En 1621 falleció inesperadamente Felipe III y ascendió al solio un joven rey

imbuido de ideales muy diferentes de los de su padre. Felipe IV y el Conde-Duque

de Olivares se marcaron dos «objetivos indisolubles y obvios», como eran el sanea-

miento interior de España y la creación de un Imperio Universal regido desde Ma

drid, cimentado en el despliegue de una política de gran prestigio y en la potencia

militar, que permitiera a la Monarquía Católica disfrutar de los adelantos tecnoló-

gicos de los países nórdicos europeos y de los esenciales productos del Báltico (1).

Estos proyectos, sin embargo, pasaban por reintegrar las provincias flamencas

rebeldes al control español, misión realmente complicada y costosa, pues los

tavos se habían fortalecido en una larga y dura contienda desde aquella lejana

fecha de 1568 en que rompieron sus vínculos con Felipe II y, posteriormente, en el

transcurso de doce años de productiva tregua.

a intervención en Europa motivó que los gastos del Estado se multiplicasen

y que el soberano español dependiese en sumo grado de los asientos y préstamos

de los hombres de negocios para mantener y pagar sus ejércitos y Armadas, de

rramados por los campos europeos y por todos los mares del planeta. Por este mo-

tivo, sc convirtieron en vitales los caudales americanos que recibía la Corona en

metales preciosos. Con ellos se garantizaba la satisfacción de las sumas adelan

tadas por los banqueros, es decir, la plata de las Indias equivalía al crédito del rey

de España.

Ahora bien, era necesario portear la plata desde los puertos americanos hasta

los españoles, a través de miles de leguas de un mar plagado de enemigos. Por esa

razón, unida a la necesidad de proteger los navios mercantes de la Flota de Tierra

Firme, surgió la Armada de la Guarda de la Carrera de Indias, aunque común-

mente se la conocía con los nombres de Armada de la Carrera, Galeones y Ar-

mada de la Plata.

La cobertura militar de la Flota novohispana se reducía a dos unidades de

guerra, aunque en casi todas las ocasiones ambas formaciones retornaban juntas

desde La Habana.

La trascendencia de las remesas de metales preciosos indianos no pasó desa-

percibida, ni mucho menos, a los despiertos holandeses, que sometieron las rutas

de la plata indiana a una presión agobiante, pretendiendo, con ello, apoderarse de ella e infligir al sistema económico y militar hispano el golpe definitivo. En

Estados Generales, la Junta de Guerra de Indias le indicaba a Felipe Ie

vislumbrandose el fenecimiento del pacifico paréntesis acordado en 160 coo

ser que da vida a la Monarquía de V.M. y conservación de estos Reinos son las

Flotas v Galeones de la Plata de las Indias por tantas razones que por notorias se

omiten, pues es el sol de cuya luz y calor depende todo, y si esto padeciese daño

en la ocasión presente sería tan irreparable como se echa de ver por la falta

provisiones para lo de fuera del Reino y por la Contratación der

migo, según la Junta, no pretendía vencer en batallas ni tomar ciudades o territo-

rios, sino atacar las flotas y obstaculizar el tráfico con el Nuevo Mundo

palabras, «deshacer la trabazón y armonía quitándola el sustento de todo» (2)

, en otras

Efectivamente, los zarpazos que

lanzaron los holandeses a las escuadras in-

dianas se sucedieron ininterrumpidamente, especialmente en aguas del Caribe (3

pero remataron sus expediciones en una única ocasión. En 1628, Piet Heyn cap

turó, apenas sin resistencia, la Flota de Nueva España de Benavides Bazán. A

pesar del desgraciado lance, profusamente utilizado por la propaganda de los

Países Bajos, las Armadas y Flotas del rey de España mantuvieron la aureola

invencibles hasta la década de los cincuenta, certificada en 1638 por el éxito de

don Carlos de Ibarra frente a los efectivos superiores de Cornelis Joll.

Poco antes de la postrera aventura ibérica por el Mar del Norte, la Junta de

Guerra de Indias volvía a ponderar las posibles consecuencias de la pérdida de la

formación de Ibarra o de la Flota de Nueva España, y «cuan sensible sería el

golpe, no sólo para las conveniencias de las Indias, sino de lo restante de la Mo-

narquía de V.M., cuya defensa y asistencia consiste principalmente en la plata que

viene en esta Armada de la Carrera». También indicaba la Junta al soberano, ta

vez al observar que toda la maquinaria estatal se centraba en los preparativos de la

«Invencible» de don Antonio de Oquendo, «que dejando en el real ánimo de

V.M. la importancia de los progresos de sus armas, no es la menor, sino que

quizás la mayor, la seguridad de los Galeones y Flotas, pues de esto depende

todo» (4). No puede extrañarnos que cuando los navíos de Ibarra atracaron en

Cádiz, en 1639, la alegría se desbordase y se encendiesen luminarias en Madridy

Tras el desastre de Oquendo en Las Dunas, en el otono de 1639, la política

naval del penúltimo Habsburgo español se ciñó, casi exclusivamente, a mantener

el potencial de las formaciones indianas, aunque los peligros que las acechaban

crecían de día en día, sobre todo después de consumarse la secesión portuguesa en

1640. Cada desastre de los ejércitos de Felipe IV era una batalla ganada por la

nueva concepción europea; la concepción medieval, teocéntrica, sucumbió a la

materialista, nueva La plata americana continuó siendo, abora más que nunca, un factor decisivo

en los planes trazados por Madrid. En cambio, las posibilidades de que acacciera

algún mal suceso a las Armadas y Flotas también se incrementaron notablemente

La zozobra e incertidumbre anidaba en los ambientes políticos y financieros

siendo así -manifestaba el propio monarca en 1641- que de su llegada en salva-

mento pende el bien universal de mis Reinos, y de lo contrario el quedar aventu-

rados» (6)

Pero no sólo el Cuarto Felipe aguardaba con impaciencia la llegada de los

caudales en su desvencijado alcázar madrileño. Al fin y al cabo, el capital remitido

a la Corona española suponía una mínima parte del total. Toda Europa perma-

necía atenta a que el periplo de los convoyes hispanos concluyese felizmente. Los

metales preciosos americanos que periódicamente recibía el Viejo Mundo, por-

teados por los bajeles de la Monarquía Católica, eran el nervio principal de su de-

1

sarrollo cconómico

La seguridad de las Armadas y Flotas, pues, atañía a todo Occidente, pero la

sufragaba sólo la Corona española y los particulares que registraban sus caudales.

A medida que el tiempo transcurría, la primera se fue quedando sola a la hora de

afrontar la financiación de las escuadras de la plata por la negativa del capital pri-

vado a ser declarado, produciéndose la incongruencia de que casi todo el tesoro

real se consumía en costear las escoltas de ingentes cantidades de plata que se transportaban sin registrar

Nuestra investigación se ha centrado en el estudio global y pormenorizado de las Armadas y Flotas de la Plata, su influencia en el sistema comercial, cómo eran sus navíos, de dónde salían los pertrechos para mantenerlos y los cañones, armas pólvora que componían sus defensas, cómo y dónde se obtenían las vituallas para alimentar a miles de tripulantes durante meses, cuál era la calidad y formación de sus hombres, desde los pajes hasta el General, cómo se financiaba este tremendo

esfuerzo anual y, naturalmente, la plata que constituía su razón de ser

No hemos elegido caprichosamente los límites cronológicos del estudio. La fecha inicial, 1620, se inscribe en las vísperas de la conclusión de la tregua negociada con los holandeses y del acceso al trono del rey poeta; y la terminal, 1648 Flota de Indias o conocida también como la Flota del Tesoro Español o La Española

supone el fin de la hegemonía española en Europa y el nacimiento de una nueva época, cuyas características principales ya se atisbaba. Armada Invencible

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